Conjunto histórico de Moya,
rico patrimonio en vías de recuperación

Los restos de la antigua villa medieval de Moya son, sin duda, uno de los bienes patrimoniales de mayor interés de la provincia de Cuenca. Sin embargo, su valor es directamente proporcional al desconocimiento. Es, por tanto, uno de los lugares por descubrir en la Serranía de Cuenca.

Moya es un claro ejemplo del esplendor de esta zona en tiempos pasados. Inicialmente en manos musulmanas y posteriormente reconquistada con Alfonso VIII, ha sido un punto estratégico en los distintos conflictos bélicos desde la edad media al situarse entre Castilla, Aragón y Valencia. A ello ha contribuido su ubicación privilegiada sobre un cerro de 1.149 metros de altitud que se eleva alrededor de 150 metros sobre la meseta que lo rodea.

Tras varios siglos señorío con diversos dirigentes, en 1475, los Reyes Católicos la cedieron a Andrés de Cabrera y a Beatriz de Bobadilla, camarera de la reina Isabel, como capital de un marquesado conformado por una treintena de pueblos. A ellos corresponde el honor de ser los primeros marqueses de Moya.

Con el paso del tiempo, la villa fue decayendo hasta que en los años 50 del siglo XIX se marchó el último vecino de Moya. Atrás quedaban siglos de prosperidad que hoy quedan reflejados en los vestigios de la vieja localidad medieval.

Un lugar digno de visitar

Según describen Raquel Antón y Francisca Ramón Fernández, Moya fue una población de los siglos XIII al XVIII rodeada por una doble muralla que se fue ampliando a lo largo del tiempo.

Se distribuye en torno a cinco calles que nos acercan a algunos de los principales puntos de interés. El primero de ellos es el castillo. Se encuentra defendido por la propia orografía del terreno y por una muralla con foso. De sus tiempos de esplendor conserva la entrada flanqueada por dos torreones de forma cilíndrica y la torre del homenaje que, junto a la muralla, está siendo restaurada en la actualidad.

El recinto amurallado contaba con hasta ocho puertas para franquearlo: de la Villa (1589), de los Carros (siglo XIV), de San Juan (s. XIII), de San Diego (s. XIII), de la Cazadilla (s. XIII), de San Francisco (s. XIII), de los Ojos (s. XII) y de la albacara (s. XII).

El edificio que alberga el Ayuntamiento tiene sus orígenes en la Edad Medio. Fue el granero municipal de la villa y, a finales de los años 80, sufrió una profunda remodelación para darle su configuración actual. Se ubica en la Plaza Mayor compartiendo espacio con las iglesias de Santa María la Mayor y de la Santísima Trinidad. 

La iglesia de Santa María la Mayor es la más antigua de la villa de Moya: data del siglo XII. La iglesia de la Trinidad se construyó entre los siglos XIII y XVII y fue restaurada en 2015 para utilizarla como albergue, conservando su espadaña y la puerta de entrada.

En el recinto encontramos otros vestigios religiosos, como la iglesia de San Bartolomé (s. XIV), destruida en 1936; la iglesia de San Miguel (s. XVII), hoy utilizada como cementerio, o la iglesia de San Pedro (s. XVIII). También quedan restos de lo que en otro tiempo fueron hospitales: de la Madre de Dios, fundado en 1512, y de Santiago.

Parte del espacio que ocupó un convento de monjas concepcionistas ha sido recuperado para ubicar el Auditorio de Moya. Aún quedan restos de antiguos aljibes, muros exteriores y la fachada principal.

Con todo ello, un paseo por sus calles no retrotrae a tiempos de caballeros, batallas y trovadores y una fuerte espiritualidad. La villa de Moya fue declarada Conjunto Histórico-Artístico el 3 de septiembre de 1982.

Como antesala a tu visita a este maravilloso lugar, te dejamos con un reportaje realizado por Castilla-La Mancha Media con motivo del concurso El pueblo más bonito de CLM, en el que Moya fue finalista.

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