Verano en la Serranía
de Cuenca: visita a Beteta

El camino hasta Beteta es el preludio de lo que nos vamos a encontrar. Llegar a este pueblo serrano de cerca de 250 habitantes a través de la hoz del río Guadiela es todo un deleite para los sentidos: altos farallones rocosos, una rica vegetación tanto en variedad como en cantidad -avellanos, olmos, tejos, tilos…-, las cantarinas aguas cristalinas del río y de la fuente de los Tilos, las sorprendentes oquedades en el terreno en forma de cuevas -La Ramera o la del Armentero-,…

Si el viajero elige acercarse a Beteta siguiendo la ruta de la Serranía, recorrerá una sinuosa carretera que discurre entre algunos de los pinares a mayor altitud de la provincia. En su recorrido habrá tenido la oportunidad de visitar el Nacimiento del Río Cuervo, la Mina Romana de Cueva del Hierro o pueblos singulares como Uña, Huélamo, Tragacete o Vega del Codorno. Si el calor aprieta, las aguas del Júcar han podido servirle de refresco.

También es posible llegar hasta la localidad serrana atravesando el Alto Tajo. La ruta es igualmente agradable y con muchos espacios singulares que bien merecen una parada.

Sea cual sea el camino elegido, conforme nos acerquemos a nuestro destino, sobre una amplia vega, vislumbraremos el casco urbano de Beteta, un pueblo típicamente serrano que guarda en sus calles numerosos retazos de tiempos pasados.

En las afueras, sobre una pared rocosa que le otorga una espectacular vista sobre la vega (no te pierdas lo que se puede ver desde aquí siguiendo este enlace: Vega de Beteta desde el castillo de Rochafrida), se localiza el castillo de Rochafrida, construido en el siglo XIII aprovechando los restos de una construcción musulmana. En el siglo XIX se convirtió en un polvorín durante las guerras carlistas. Recientemente, se han llevado a cabo obras de recuperación y consolidación de la edificación, lo que permite hacerse una idea de su estructura original. Se puede acceder a él tanto en coche como a pie.

En tiempos, las murallas bajaban desde este punto hasta abrazar las calles de la localidad, a la que se accedía a través de la puerta de la Cava o del Postigo.

En la actualidad, Beteta se articula alrededor de una plaza conformada por edificios balconados, entre los que se encuentran el Ayuntamiento o el centro de salud. Es un buen lugar para disfrutar de un tentempié antes de continuar.

Puedes ver una vista panorámica de la plaza de Beteta en el enlace.

Detrás, se ubica la iglesia parroquial de la Asunción, construida en los siglos XV y XVI. La edificación, de piedra caliza, se distribuye en tres naves asemejándose a las catedrales góticas. Si cruzamos la portada plateresca, entre sus tesoros encontramos una pila bautismal del siglos XVI, las lápidas funerarias de las familias Carrillo de Albornoz y Ariza y un majestuoso retablo mayor de estilo neogótico.

Recorrer las calles empedradas de la villa bajo el tañer de las campanas de la iglesia que alberga a la patrona -la Virgen de la Rosa- te acerca a los tiempos de esplendor por su estratégica ubicación -en el camino entre Cuenca y Molina de Aragón- y la riqueza que aportaba la ganadería y su riqueza forestal. 

Beteta ofrece al visitante un entorno natural envidiable (es obligatoria la visita a la hoz de Beteta y a la Laguna de El Tobar), todo el sabor de un pueblo típico de la Serranía de Cuenca y los servicios necesarios para una agradable estancia (alojamiento, bares y restaurantes, farmacia, centro de salud, gasolinera, panadería, tienda…).

En la página del Ayuntamiento de Beteta puedes conocer más sobre esta joya de la Serranía de Cuenca que se ubica a poca más de 80 kilómetros de Cuenca.

Cómo llegar
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